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Blog: Alen y Rocco, Dos Mentes Enfermas: CAPITULO; CONCLUSIONES.

Hola lectores, soy Alen. He decidido continuar compartiendo mis historias en estos registros, por bien a mi memoria, cada día más devastada y confusa, para leer mensajes y consejos de terceros, y sin duda alguna como terapia para comprender lo que me sucede… más bien, lo que nos sucede.
He logrado evidenciar, de forma casi segura, que poseo un trastorno de identidad disociativo que me afecta cada ciertos momentos, y gradualmente con mayor frecuencia, apoderándose de mis acciones, mis decisiones y de mi vida. Me refiero a “Rocco”, mi “hermano” mental. Después del día de la revelación, historia que escribí primero, y del mensaje de Rocco en mi Blog detallando “su” carrete con mi cuerpo, mis días han sido, por lo bajo, bastante extraños. Me despierto y duermo en cualquier sitio, tengo contactos nuevos en mi celular, he convivido con la resaca que no disfruto, tengo lagunas mentales importantes, se me desaparece la plata, y aparecen cajetillas de cigarros y botellas de alcohol vacías en ciertos escondites de mi pieza, tengo ropa nueva bastante pintoresca, pero eso no es todo. Al parecer tiene el control de cuándo y no aparecer, porque curiosamente nunca se adjudica mis jornadas laborales, a todo esto, tengo un trabajo de mierda (eso es para otra historia). El caso es que el otro día fui a comprar pan para tomar once con la Nani, mi abuela, (la que de hecho no pierde ocasión para decirme lo extraño que estoy) y justo en una esquina me topé con el pastero medio flaite del barrio. A este personaje he oído que lo llaman el “FRUNA MENDOZA” (al parecer por su parecido al Coca Mendoza, pero este es más feo y más malo), al cual le he hecho el quite desde que me pide amenazante que le “preste” ciertas cosas que no termina por devolverme jamás (me prometí que el IPHONE 6 y mi bicicleta sería lo último que le pasaba) así que prefiero darme la vuelta y caminar un par de cuadras para comprar pan en un lugar donde lo venden un poco añejo, pero no importa, lo tuesto y queda rico igual. Sin embargo, esta vez me llamó con un apodo claro y conciso.
-Rocco, venga hermano. – me dijo con tono de flaite caballeroso.- Oiga tomé, le conseguí juntar estas luquitas y su encargo, pero no se me agile de nuevo poh, por favor papito, me quedo clarito, pa que poh.- me dijo pasándome como 90 lucas y un bolsita con unas estampillas de colores de cartón. De ahí no me acuerdo nada más, al menos hasta el día siguiente: eran como las 12:00 del día, desperté acostado de espalda cara al sol de colores en el Parque Forestal, a pies descalzos, sintiendo como que flotaba un centímetro por sobre la superficie del pasto, y con todo mi pelo mojado, sin embargo al tocarlo, lo tenía completamente seco. Junto a mí, y en estado similar, una chica que nunca antes había visto, la cual se me acerca y con un beso me dice. –Jajaja estoy entero loca Roquito.

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